Page 201 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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prosaico, como si realmente las circunstancias lo


            justificaran; y, sin embargo, no pude reprimir mi



            asombro por todo el asunto. Sabía que realmente


            no necesitábamos ayuda en las tareas domesticas,


            y me impresionó la predicción del profesor de que


            el chico que iba a emplear podía resultarle un poco


            « simple» , seguida de su exacto cumplimiento. A


            la mañana siguiente oí decir a la sirvienta que el


            chico Cradock había llegado a las ocho, y que ella



            había intentado que fuera de utilidad. « No parece


            estar del todo en sus cabales, no lo creo, señorita» ,


            fue su único comentario. Más tarde le vi ayudando


            en sus faenas al anciano que cuidaba el jardín. Era


            un  joven  de  unos  catorce  años,  de  pelo  y  ojos


            negros  y  piel  aceitunada,  y  en  cuanto  advertí  la


            curiosa vacuidad de su expresión comprendí que


            era un retrasado mental. Según pasaba yo, se tocó


            la frente torpemente, y le oí responder al jardinero



            con  una  voz  extraña  y  áspera  que  me  llamó  la


            atención;  me  dio  la  impresión  de  alguien  que


            hablaba  desde  lo  más  profundo  de  la  tierra,  y


            percibí  un  ruido  sibilante,  como  el  siseo  del


            fonógrafo cuando el estilete recorre el cilindro. Me


            dijeron también que parecía ansioso por hacer todo


            lo  que  pudiera,  y  que  era  del  todo  dócil  y



            obediente, y el jardinero Morgan, que conocía a su





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