Page 202 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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madre, me aseguró que era completamente
inofensivo.
—Siempre ha sido un poco raro —me dijo— y no
es de extrañar con todo lo que pasó la madre antes
de que él naciera. Conocí bien a su padre, Thomas
Cradock, que verdaderamente fue un excelente
trabajador. Cogió algo malo en los pulmones a
causa de su trabajo en los húmedos bosques, nunca
se recobró, y de repente falleció. Y cuentan que la
señora Cradock estaba fuera de sí; de cualquier
modo, la encontró el señor Hillyer, de Ty Coch,
encogida en lo alto de las Colinas Grises llorando
y sollozando como alma en pena. Y Jervase nació
unos ocho meses después, y, como le iba diciendo,
siempre fue un poco raro. Y cuentan que, apenas
pudo andar, aterrorizaba a los otros niños con los
ruidos que hacía.
Una de las palabras de esta historia despertó
algún recuerdo dentro de mí, y, vagamente
curiosa, le pregunté al anciano dónde estaban las
Colinas Grises.
—Allá arriba —dijo, con el mismo ademán que
empleara antes—. Debe pasar la taberna « Fox and
Hounds» y atravesar el bosque por las viejas
ruinas. Desde aquí hay sus buenas cinco millas, y
es un lugar de lo más extraño. Dicen que es la peor
tierra de aquí a Monmouth, aunque es buen pasto
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