Page 199 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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puerta mirando al frente meditabundo, y me llamó
al pasar yo por el vestíbulo.
—A propósito, señorita Lally, hay una cosa que
quería decirle. Acaso haya oído usted decir que
algunos de estos jóvenes campesinos son cerrados
de mollera; « idiota» sería una palabra
excesivamente cruel, por lo que acostumbran a
llamarlos « naturales» o algo por el estilo. Espero
que no le molestará si el chico que busco no resulta
demasiado agudo; será completamente inofensivo,
por supuesto, y para dar lustre a las botas no se
necesitan muchos esfuerzos mentales.
Dicho esto se fue, ascendiendo a marchas
forzadas el camino que conduce al bosque, y
dejándome a mí estupefacta; entonces, por vez
primera, mi asombro se mezcló con un repentino
acento de terror, que no sabía de dónde procedía y
era completamente inexplicable incluso para mí, y
por un momento sentí en mi corazón algo parecido
al escalofrío de la muerte, y ese miedo a lo
desconocido que no tiene forma y es peor que la
misma parca. Intenté recobrar mi valor en la suave
brisa que soplaba desde el mar y en la luz del sol
después de la lluvia, pero los misteriosos bosques
parecieron oscurecerse en torno a mí; y la imagen
del río serpenteando entre los cañaverales y el gris
plateado del antiguo puente evocaron en mi mente
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