Page 205 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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máscara  humana.  Chillé  aterrada,  y  el  profesor


            Gregg  llegó  corriendo;  y,  según  le  señalaba



            Cradock,  el  muchacho  cayó  de  bruces  con  un


            estremecimiento convulsivo y permaneció sobre la


            húmeda  tierra,  retorciéndose  como  un  lución


            herido  y  prorrumpiendo  sus  labios  en  un


            inconcebible  barboteo  de  sonidos  estertóreos  y


            siseantes. Parecía mascullar una infame jerga, con


            palabras, o lo que parecían palabras, que podían



            haber pertenecido a alguna lengua muerta desde


            tiempos inmemoriales y enterrada bajo el lodo del


            Nilo o en el más recóndito escondrijo de la selva


            mexicana. Por un momento cruzó por mi mente,


            mientras mis oídos se rebelaban contra ese clamor


            infernal, el pensamiento de que « seguramente se


            trata del mismísimo idioma del infierno» , y luego


            grité  repetidas  veces  y  huí  estremecida  hasta  lo


            más profundo de mi alma. Había visto la cara del



            profesor  Gregg  al  inclinarse  sobre  el  desdichado


            muchacho y levantarle, y me aterró la exultación


            que  brillaba  en  todas  sus  facciones.  Cuando  me


            senté en mi habitación, con las persianas bajadas y


            los ojos ocultos bajo las manos, oí pasos abajo y


            luego  me  dijeron  que  el  profesor  Gregg  había


            traído a Cradock a su estudio y había cerrado la



            puerta.  Escuché  un  vago  murmullo  de  voces  y


            temblé pensando en lo que podía estar pasando a

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