Page 217 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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estudio,  como  le  decía,  y  yo  me  estaba


            preguntando  de  dónde  vendría,  cuando  vi  ese



            busto de Pitt sobre el escritorio del señor, y pensé


            para  mí:  «  ¿Quién  ha  hecho  eso?  ¿Y  cómo  lo  ha


            hecho?» Y cuando vine a quitar el polvo, miré al


            busto y vi una gran marca donde el polvo no se


            había  depositado,  pues  no  creo  que  le  hayan


            pasado un plumero en muchos años, y no era una


            huella  de  dedos,  sino  algo  parecido  a  un  gran



            parche,  amplio  y  extenso.  Pasé  la  mano  por


            encima, sin pensar en lo que hacía, y la mancha era


            pegajosa  y  viscosa,  como  si  un  caracol  hubiera


            reptado  por  encima  de  ella.  Muy  extraño,  ¿no,


            señorita? Y me pregunto quién puede haber dejado


            esa suciedad y cómo lo habrá hecho.


              La  bienintencionada  charla  de  la  criada  me


            impresionó profundamente; me tumbé en la cama


            y  me  mordí  los  labios  para,  no  gritar



            angustiosamente                        de        terror           y       perplejidad.


            Verdaderamente, casi enloquecí de pavor; creo que


            si  hubiera  sido  de  día  habría  huido  más  que


            deprisa,  olvidando  todo  mi  valor  y  la  deuda  de


            gratitud  que  tenía  con  el  profesor  Gregg,  sin


            importarme si mi destino era morir lentamente de


            hambre, con tal de escapar de la red de terror ciego



            y pánico que cada vez parecía ceñirse un poco más


            en  torno  a  mí.  Si  supiera,  pensaba,  si  supiera  a

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