Page 213 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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noche que me enseñó su libro. La tarde era un poco
fría y un fuego de leños había sido encendido en el
estudio en donde nos encontrábamos; la remitente
llama y el resplandor en las paredes me
recordaban los viejos tiempos. Estaba sentada en
un sillón junto al fuego, preguntándome en
silencio por todo lo que había oído, y todavía
especulaba vanamente sobre los secretos móviles
ocultos bajo la fantasmagoría de que fui testigo,
cuando de repente tuve la sensación de que en la
habitación se había producido algún tipo de
cambio, que había algo poco común en su aspecto
general. Durante algún tiempo miré en torno a mí,
tratando en vano de localizar la alteración que
sabía que se había producido. La mesa junto a la
ventana, las sillas, el descolorido canapé, todo
estaba como lo había conocido. De pronto, como
un recuerdo buscado irrumpe en la mente, supe lo
que estaba fuera de lugar. Me encontraba frente al
escritorio del profesor, situado al otro lado de la
chimenea, y sobre él había un busto tiznado de
Pitt , que nunca había estado allí antes. Y entonces
[4]
recordé la verdadera posición de esa obra de arte:
en la más lejana esquina junto a la puerta había una
vieja alacena, que resaltaba en la habitación,
encima de la cual, a unos quince pies del suelo,
había estado el busto y allí, sin duda, había
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