Page 214 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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permanecido acumulando polvo desde los
primeros años del siglo.
Estaba completamente asombrada y me senté en
silencio, sumida todavía en la confusión. Por lo que
yo sabía, en la casa no había escalera de tijera, pues
había pedido una para arreglar las cortinas de mis
dormitorios; e incluso a un hombre alto,
encaramado a una silla, le resultaría imposible
bajar el busto. Estaba colocado no al borde de la
alacena, sino al fondo, contra la pared; y la estatura
del profesor Gregg estaba, más bien, por debajo de
la media.
—¿Cómo consiguió usted bajar a Pitt? —le dije
finalmente.
El profesor me miró con curiosidad y pareció
vacilar un poco.
—¿Le encontraron una escalera de tijera? ¿O, tal
vez, el jardinero trajo de fuera una escala?
—No, no tuve ningún tipo de escalera. Y ahora,
señorita Lally —prosiguió el profesor, simulando
torpemente un tono jocoso—, tengo un pequeño
rompecabezas para usted; un problema a la
manera de Holmes. Existen hechos claros y
patentes: aguce el ingenio y halle la solución del
rompecabezas. ¡Válgame Dios! —gritó con la voz
rota—. ¡No se hable más del asunto! Le digo que
nunca toqué ese busto —y salió de la habitación
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