Page 216 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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que él no lo ha tocado. ¿Encontró usted una vieja
escalera en alguno de los cobertizos?
La muchacha me miró turbada.
—Jamás lo he tocado —dijo—. Lo encontré donde
está ahora la otra mañana, cuando quité el polvo
de la habitación. Fue el viernes por la mañana,
ahora lo recuerdo, porque era la mañana siguiente
a la noche en que Cradock se puso malo. Mi
dormitorio está junto al suyo, ya lo sabe usted,
señorita —prosiguió la chica lastimosamente—, y
era espantoso oírle gritar y pronunciar nombres
que yo no podía entender. Me asusté mucho; y
entonces llegó el señor y le oí hablar, y se llevó a
Cradock al estudio y le dio algo.
¿Y encontró usted el busto cambiado de sitio a la
mañana siguiente?
—Sí, señorita. Cuando bajé y abrí las ventanas
había en el estudio una especie de olor misterioso.
Era un hedor desagradable, y me preguntaba qué
podría ser. Como usted sabe, señorita, hace tiempo
fui al Zoo de Londres con mi primo Thomas
Barker, una tarde que tenía libre cuando estaba de
servicio en casa de la señora Prince, en Stanhope
Gate, y entramos en el pabellón de las serpientes,
y había el mismo tipo de olor. Me hizo sentirme
muy enferma, lo recuerdo, y logré que Barker me
sacara afuera. Era exactamente el mismo olor del
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