Page 308 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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quién se trataba en realidad y que era
completamente pobre. Así que el rey le preguntó
por qué llevaba una corona de oro y cómo la había
conseguido, ya que tanto ella como su madre eran
verdaderamente pobres. Y ella se rió y dijo que no
era una corona de oro, sino solamente unas flores
amarillas que se había puesto en el pelo. El rey
pensó que aquello era muy extraño y le dijo que
debería permanecer en la corte y ya verían que
pasaba después. La joven era tan encantadora que
todos decían que sus ojos eran más verdes que las
esmeraldas, sus labios más rojos que el rubí, su piel
más blanca que los diamantes, y su pelo más
resplandeciente que el oro. De forma que el hijo del
rey dijo que quería casarse con ella, y el rey le
respondió que podía hacerlo. El obispo los casó y
hubo una gran cena; después, el hijo del rey fue a
la alcoba de su esposa. Pero justo cuando iba a
abrir la puerta, vio frente a ésta a un hombre alto,
vestido de negro, con una cara espantosa, y una
voz dijo:
No arriesgues tu vida preciosa, pues
ésta es mi propia esposa.
Entonces el hijo del rey cayó al suelo fulminado.
Acudió mucha gente que intentó entrar en la
alcoba sin conseguirlo, y golpeó la puerta con
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