Page 305 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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doloridos y cansados que me quité las botas y las
medias, y los metí en el agua, que estaba fresca y
suave; cuando me levanté ya no estaba cansada y
pensé que debía seguir adelante, alejándome cada
vez más, hasta descubrir lo que había al otro lado
del muro. Lo escalé muy despacio, siempre de
lado, y cuando llegué arriba y miré por encima, me
encontré con la más curiosa región que jamás viera,
más extraña incluso que la colina de las rocas
grises.
Parecía como si allí hubiesen estado jugando con
sus palas niños terrícolas, pues estaba todo lleno
de colinas, hoyos y muros de tierra cubiertos de
hierba. Había dos montículos, redondos, grandes
y solemnes, como dos enormes colmenas, y
también profundas depresiones, y un escarpado
muro como los que había visto en cierta ocasión en
la costa, con cañones y soldados encima. Casi me
caí en una de las fosas, de tan repentinamente
como surgió bajo mis pies, y bajé corriendo por
una de sus pendientes, hasta el fondo, donde
permanecí mirando hacia arriba. Todo era extraño
y misterioso. No se veía más que el cielo gris,
cargado, y las laderas de la hondonada; todo lo
demás había desaparecido; pensé que de noche
debía de llenarse de fantasmas, sombras
movedizas y pálidas criaturas, cuando la luna
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