Page 306 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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brillara  en  su  fondo  en  plena  noche  y  el  viento


            gimiera en las alturas. Era tan extraña, misteriosa



            y  solitaria  como  un  templo  vacío  dedicado  a


            anticuados dioses paganos. Me recordó algo que la


            niñera  me  había  contado  cuando  yo  era  muy


            pequeña; la misma niñera que me llevó al bosque


            donde vi a la hermosa gente blanca. Recuerdo que


            la niñera me contó el cuento una noche invernal en


            que el viento golpeaba los árboles contra la tapia,



            y gemía lloroso por la chimenea de mi cuarto de


            juegos.  Me  contó  que  en  alguna  parte  existía  un


            pozo  vacío,  parecido  a  aquel  en  el  que  me


            encontraba, y que gozaba de tan mala reputación


            que todo el mundo tenía miedo de acercarse a él.


            Pero hubo una pobre chica que dijo que bajaría al


            pozo; todos intentaron detenerla, pero ella fue allá.


            Y bajó al pozo y regresó riendo y diciendo que allí


            no había nada en absoluto, excepto hierba verde,



            piedras rojas y blancas, y flores amarillas.


              Poco  después  la  gente  vio  que  llevaba  unos


            preciosos  pendientes  de  esmeraldas  y  le


            preguntaron  cómo  los  había  conseguido,  ya  que


            tanto  ella  como  su  madre  eran  verdaderamente


            pobres. Pero ella se rió y dijo que sus pendientes


            no eran de esmeraldas ni nada parecido, sino que



            estaban hechos de hierba verde. Luego, cierto día,


            vieron que llevaba en el pecho el rubí más rojo que

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