Page 304 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Me preguntaba cómo regresaría a casa, si es que


            lograba  encontrar  el  camino,  y  si  es  que  seguía



            estando  allí  y  no  se  había  convertido,  igual  que


            todo lo demás, en rocas grises, como en Las mil y


            una noches. Así es que me senté en la hierba y me


            puse  a  pensar  en  lo  que  haría  a  continuación.


            Estaba cansada y los pies me dolían de tanto andar.


            Al mirar a mi alrededor descubrí un maravilloso


            pozo, justamente al pie del alto y escarpado muro



            de  hierba.  A  su  alrededor  todo  el  suelo  estaba


            cubierto  de  musgo  brillante,  verde  y  chorreante;


            había  todo  tipo  de  musgos,  unos  que  parecían


            hermosos  helechos  en  miniatura,  y  otros  que


            semejaban  palmeras  y  abetos;  todos  ellos  tan


            verdes como las esmeraldas y rezumando gotas de


            agua  cual  diamantes.  En  medio  estaba  el  gran


            pozo,  profundo,  resplandeciente  y  hermoso,  tan


            claro que daba la impresión de que se podía tocar



            la arena roja del fondo, aunque estaba muy hondo.


            Permanecí a su lado y me miré en él como en un


            espejo. En el fondo, los rojos granos de arena no


            dejaban de agitarse, y se veía burbujear el agua,


            pero su superficie estaba en calma y rebosaba. Era


            un  pozo  grande,  como  una  bañera,  rodeado  de


            musgo verde, reluciente y brillante, que le daba la



            apariencia  de  una  gran  alhaja  transparente


            rodeada  de  joyas  verdes.  Tenía  los  pies  tan

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