Page 309 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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hachas; pero la madera se había endurecido como


            el  hierro  y,  finalmente,  huyeron  todos,  de  tan



            asustados  que  estaban  por  los  gritos,  risas,


            chillidos y llantos que salían de la alcoba.


              Al          día          siguiente                 consiguieron                    entrar,


            descubriendo  que  no  había  en  ella  más  que  un


            espeso humo negruzco, ya que el hombre de negro


            se había llevado a la joven. Encontraron sobre la


            cama dos lazos de hierba marchita, una piedra roja,



            y algunas piedras blancas y flores amarillas ajadas.


              Me acordé de este cuento de mi niñera mientras


            permanecí en el fondo del profundo hoyo; todo allí


            era tan  extraño  y  exclusivo  que  sentí miedo. No


            pude  divisar  ninguna  de  las  piedras  ni  de  las


            flores, pero temí llevármelas sin saberlo, y se me


            ocurrió hacer un hechizo que me vino a la memoria


            para mantener alejado al hombre de negro. Así que



            permanecí de pie en el mismo centro de la hoya,


            me aseguré de que no llevaba encima ni piedras ni


            flores, y luego di varias vueltas al lugar, toqué mis


            ojos, mis labios y mi pelo de una manera especial,


            y susurré algunas extrañas palabras que me había


            enseñado la niñera para alejar a las cosas malignas.


            Entonces me sentí a salvo, salí trepando de la hoya



            y proseguí a través de todos aquellos montículos,


            depresiones  y  barreras,  hasta  llegar  al  final,  que


            estaba más elevado que el resto, desde donde pude

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