Page 314 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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después, cuando me encontraba en medio del
territorio salvaje donde la tierra formaba grandes
figuras y todo eran barreras, misteriosas hoyas y
suaves montículos redondeados. Pensé en todas
estas cosas hasta que, finalmente, me asusté, pues
temía que me pasara algo, y recordé el cuento de la
pobre chica que se metió en una hoya y al final el
hombre negro se la llevó.
Sabía que yo también había bajado al fondo de
una hoya, quién sabe si a la misma, y había hecho
algo espantoso. Así que volví a hacer el hechizo,
me toqué los ojos, los labios y los cabellos de una
forma especial, y pronuncié las viejas palabras en
el idioma de las hadas, para poder estar segura de
que nadie me llevaría. Intenté ver de nuevo el
bosque secreto, reptar por el pasadizo y ver lo que
había visto la otra vez, pero, por alguna razón, no
pude y seguí pensando en los cuentos de la niñera.
Me acordé de uno acerca de un joven que fue una
vez a cazar: él y sus perros estuvieron todo el día
cazando por todas partes, cruzaron ríos,
penetraron en bosques, rodearon marismas, pero
no encontraron nada y así continuaron hasta que
el sol desapareció por detrás de una montaña. El
joven estaba irritado porque no había podido
encontrar nada, y ya iba a retornar cuando, en el
preciso momento en que el sol incidía sobre la
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