Page 315 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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montaña, vio salir de la maleza frente a él a un
magnífico venado blanco. Azuzó a sus perros, pero
éstos empezaron a gimotear y no quisieron
perseguirlo; azuzó a su caballo, pero éste se
estremeció y permaneció completamente inmóvil;
el joven saltó del caballo, abandonó a los perros y
comenzó a perseguir solo al venado blanco. Pronto
se hizo de noche; el cielo estaba negro, sin que
brillase en él ni una sola estrella, y el venado
desapareció en la oscuridad. Y aunque el hombre
llevaba consigo su escopeta, no disparó contra el
venado, pues quería capturarlo con vida, y temió
perderse en la noche. Pero jamás perdió su rastro,
pese a lo negro que estaba el cielo y lo oscuro de la
noche, y el venado siguió su camino hasta que el
joven ya no supo dónde estaba.
Atravesaron bosques inmensos donde el aire
estaba repleto de susurros y un pálido y mortecino
resplandor brotaba de los troncos podridos que
yacían en el suelo, y justamente cuando el hombre
creyó haber perdido al venado, lo vio frente a él
todo blanco y resplandeciente; corrió velozmente
tras él, pero el venado fue más rápido, de modo
que no pudo atraparlo. Atravesaron bosques
inmensos, cruzaron ríos a nado, vadearon negros
pantanos en los que el suelo burbujeaba y el aire
estaba lleno de fuegos fatuos; el venado, en su
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