Page 319 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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hecho el último la puerta desaparecía, de modo
que nadie más podía entrar, aunque supiese que al
otro lado había algo.
En cierta ocasión, un caballero extranjero, que
llevaba cabalgando un buen trecho, se extravió de
noche y su caballo le condujo al mismo centro de
esta región salvaje, donde todo estaba patas arriba,
y por todas partes había espantosos pantanos y
grandes piedras, agujeros en el suelo, y los árboles
parecían horcas, pues tenían largos brazos negros
que se extendían a través del camino. Este extraño
caballero estaba muy asustado y su caballo
comenzó a temblar, hasta que, finalmente, se
detuvo y no hubo forma de hacerle seguir, por lo
que el caballero descabalgó e intentó llevarlo de las
riendas, mas no consiguió moverlo, estando todo
él cubierto de un sudor cadavérico. Así que el
caballero continuó solo, internándose cada vez
más en la región salvaje, hasta que al fin llegó a un
lugar oscuro, donde oyó gritos, cánticos y llantos,
como jamás había oído anteriormente.
Todo sonaba muy cerca de él, pero no podía ver
nada, así que se puso a dar voces y, mientras lo
hacía, algo apareció a sus espaldas y, en un
momento, quedó inmovilizado de pies, manos y
boca y se desvaneció. Cuando volvió en sí estaba
tumbado al borde del camino, exactamente donde
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