Page 322 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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nadie sabía lo que les había sucedido. Y bebían más


            de aquel curioso vino, y fabricaban imágenes y las



            adoraban; y un día que salimos a pasear, al pasar


            por  un  lugar  donde  había  un  montón  de  arcilla


            húmeda,  me  enseñó  cómo  se  fabricaban  estas


            imágenes.


              De modo que me preguntó si me gustaría saber


            qué eran aquellas cosas que hacían en la colina, y


            le dije que sí. Entonces me pidió que le prometiera



            no decir ni una sola palabra a ningún ser viviente,


            pues si lo hacía sería arrojada al pozo negro con los


            muertos. Le contesté que no se lo contaría a nadie,


            pero ella siguió diciéndome lo mismo una y otra


            vez, hasta que se lo prometí. Así es que cogió mi


            pala de madera, extrajo una buena pella de arcilla,


            la puso en mi cubo de hojalata, y me advirtió que,


            si  nos  encontrábamos  con  alguien,  dijera  que


            pensaba  hacer  pasteles  al  regresar  a  casa.  Luego



            proseguimos el camino hasta llegar a un matorral


            que crecía junto a la carretera. La niñera se detuvo,


            miró la carretera de arriba a abajo, atisbó luego, a


            través del soto, el campo que se extendía al lado


            opuesto, y exclamó: « ¡rápido!» entonces corrimos


            hacia el matorral, nos arrastramos a su interior, y


            salimos igualmente a rastras entre unos arbustos,



            hasta distanciarnos un buen trecho de la carretera.





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