Page 321 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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contarme algo de ella, y la tonada era tan rara que


            me quedé completamente helada y se me puso la



            carne  de  gallina,  como  si  hubiese  tocado  algo


            muerto.  Unas  veces  era  un  hombre  quien  la


            cantaba, y otras una mujer; y, de vez en cuando, el


            que  la  cantaba  lo  hacía  tan  bien  que  dos  o  tres


            personas  allí  presentes  caían  al  suelo  gritando  y


            mesándose los cabellos con las manos. El cántico


            proseguía                y       la       gente  del  corro                          seguía



            balanceándose  de  un  lado  para  otro  durante  un


            buen rato, y, por fin, la luna se elevaba por encima


            de un lugar que llamaban Tole Deol, ascendía y los


            iluminaba dando vueltas y balanceándose de un


            lado a otro, rodeados de un espeso humo dulzón


            procedente  de  los  carbones  encendidos,  que


            flotaba en círculos alrededor de ellos.


              Entonces  cenaban.  Un  chico  y  una  chica  les


            servían la cena; el chico portaba una gran copa de



            vino, y la chica una barra de pan, e iban pasándose


            de  uno  a  otro  el  pan  y  el  vino,  que  sabían  muy


            distintos  del  pan  y  el  vino  corrientes  y


            transformaban a cuantos los probaban. Luego se


            levantaban  todos  y  bailaban,  y  sacaban  objetos


            secretos  de  sus  escondites,  y  jugaban  a  juegos


            extraordinarios, y bailaban en círculo a la luz de la



            luna,  y,  a  veces,  había  gente  que  desaparecía  de


            repente y nunca más se tenían noticias de ellos ni

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