Page 37 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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en el bosque hasta el anochecer. Después de estas


            excursiones, una o dos veces la señora M. observó



            en su hija un comportamiento bastante peculiar: se


            mostraba  lánguida  y  soñadora,  y  parecía  «


            distinta» , esa fue la expresión utilizada. Pero, al


            parecer, estas peculiaridades fueron consideradas


            demasiado  banales  para  reparar  en  ellas.  Una


            noche,  sin  embargo,  después  de  que  Rachel


            volviera  a  su  casa,  oyó  una  especie  de  sollozo



            contenido en la habitación de la chica y, al entrar,


            la encontró tendida sobre la cama, medio desnuda,


            presa de una evidente congoja. En cuanto vio a su


            madre, exclamó:


              —¡Ay!, madre, madre, ¿por qué me dejarías ir al


              bosque con Helen?


              La señora M. quedó asombrada por tan extraña


            exclamación y procedió a hacer preguntas a su hija.


            Rachel le contó una historia absurda. Dijo…



                     Clarke cerró el libro de golpe y giró su silla en



                                                   dirección al fuego. La tarde en


            que su amigo se sentó en esa misma silla y le contó


            su historia, Clarke le había interrumpido al llegar


            a un punto algo posterior a este, cortando en seco


            sus palabras en un paroxismo de horror.


              —¡Dios mío! —había exclamado—. Piensa, piensa


            lo  que  estás  diciendo.  Es  demasiado  increíble,





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