Page 41 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Ligeramente  irritado,  miró  en  torno  y,  con  un


            brusco  sobresalto,  se  halló  ante  la  viva



            personificación de sus algo pomposas fantasías, a


            su lado, con el rostro alterado y desfigurado por la


            pobreza  y  la  desgracia,  y  el  cuerpo  escasamente


            cubierto por mugrientos harapos, se encontraba su


            antiguo                 condiscípulo                      Charles                 Herbert,


            matriculado el mismo día que él y con quien había


            compartido  diversiones  y  enseñanzas  durante



            doce cursos consecutivos. Diferentes ocupaciones


            e intereses diversos habían interrumpido aquella


            amistad,  y  hacía  seis  años  que  Villiers  no  veía  a


            Herbert. Ahora contemplaba esa ruina de hombre


            con pesar y consternación, no exentos de una cierta


            curiosidad  por  la  triste  cadena  de  circunstancias


            que  le  habían  arrastrado  a  tan  penosa  situación.


            Además  de  compasión,  Villiers  experimentaba


            todos los goces del aficionado a los misterios y se



            felicitaba por sus ociosas especulaciones al salir del


            restaurante.


              Durante  algún  tiempo  caminaron  en  silencio  y


            más de un transeúnte les miró con asombro ante el


            insólito espectáculo de un hombre bien vestido y


            un inconfundible mendigo cogido de su brazo. Al


            percatarse de ello, Villiers enfiló hacia una oscura



            calle del Soho. Allí repitió su pregunta.





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