Page 375 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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podía considerarse contratado, si le interesaba el


            puesto.



              Last dio las gracias de todo corazón a la señorita


            Pilliner, y le dijo que le gustaría disponer de un par


            de  días  para  pensárselo.  Después  la  escribiría,  y


            ella le pondría en contacto con el señor Marsh. Y


            de esta manera abandonó Corunna Square en un


            estado  de  ánimo  de  gran  desconcierto  y  duda.


            Incuestionablemente,  el  puesto  ofrecía  muchas



            ventajas.  La  paga  era  muy  buena.  Y  estaría  bien


            alojado y bien alimentado. Los Marsh eran ricos, y


            la  señorita  Pilliner  le  había  asegurado  que  no


            tendría  motivo  de  queja  en  cuanto  a  la


            hospitalidad. Y desde el punto de vista pedagógico


            habría,  sin  duda,  una  mejoría  con  respecto  al


            trabajo que había estado desempeñando desde que


            abandonó  la  universidad.  Hasta  entonces  había


            sido un remendón, un chapucero del trabajo de los



            demás; ahora tenía la oportunidad de demostrar


            que era un consumado artista. Muy poca gente de


            la profesión docente, si es que hay alguna, había


            disfrutado alguna vez de una oportunidad como


            ésta. Incluso los profesores de sexto curso de los


            grandes colegios privados deben padecer a veces


            el  tener  que  apuntalar  y  reemplazar  los  malos



            cimientos  del  quinto  y  cuarto  cursos.  Él  iba  a


            empezar por el principio, sin ningún falso trabajo

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