Page 376 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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que le estorbara: desde el abecedario a Platón,
Esquilo y Aristóteles, se susurraba a sí mismo.
Indudablemente era una gran oportunidad.
Y en cuanto a su contrapartida, tendría que
abandonar Londres, pese a haber crecido
encariñado con la familiar y animada ciudad que
tan bien conocía; y sus confortables habitaciones
en Mowbray Street, junto al poco frecuentado
Victoria Embankment, bastante tranquilas y, no
obstante, a sólo un minuto o dos del estruendoso
Strand. Las reuniones con los viejos amigos de
Oxford, las veladas en el teatro, las agradables
tabernas con sus compartimentos secretos, y sus
excelentes chuletas y filetes y cerveza negra, las
campanadas a media noche y después, oídas en
cordial compañía en el Blacks’: todo eso
desaparecería. La señorita Pilliner había hablado
de que el señor Marsh buscaba algún lugar a
considerable distancia de la ciudad, en el
verdadero campo. Tenía puesto el ojo, dijo ella, en
una casa en la frontera con Gales, que pensaba
alquilar amueblada, con una opción de compra si
definitivamente la encontraba apropiada.
Viviendo en alguna parte de la frontera galesa no
podría ir a Londres a visitar a sus viejos amigos y
regresar en la misma noche. Sin embargo, tendría
vacaciones, y en vacaciones puede hacerse mucho.
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