Page 43 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Florencia.  Les  contó  que  era  huérfana,  hija  de


            padre inglés y madre italiana, y a ellos les encantó



            tanto como a mí. La primera vez que la vi fue en


            una  reunión  vespertina.  Me  hallaba  cerca  de  la


            puerta hablando con un amigo, cuando de repente,


            por encima del murmullo de las conversaciones, oí


            una  voz  que  me  estremeció  el  corazón.  Estaba


            cantando una canción italiana. Aquella tarde me la


            presentaron y a los tres meses me casé con Helen.



            Esa mujer, Villiers, si se le puede llamar « mujer» ,


            corrompió  mi  alma.  La  noche  de  bodas  la  pasé


            sentado  en  su  alcoba  del  hotel,  escuchando  su


            charla. Ella estaba sentada en la cama y yo la oía


            hablar con su hermosa voz de cosas que, incluso


            ahora,  no  me  atrevería  a  susurrar  en  una  noche


            oscura,  aunque  me  encontrara  en  medio  del


            desierto. Tú, Villiers, puedes pensar que conoces la


            vida;  que  conoces  Londres,  y  lo  que  pasa  día  y



            noche en esta horrible ciudad. Lo único que puedo


            decirte es que debes de haber oído hablar de las


            cosas más ruines, pero te aseguro que no puedes


            concebir lo que yo sé, ni puedes haber imaginado


            en tus fantásticos y espantosos sueños ni la más


            leve  sombra  de  lo  que  yo  he  oído…  y  visto.  Sí,


            visto. He visto horrores tan increíbles que incluso



            a veces me detengo en plena calle y me pregunto si


            es posible que un hombre que sostenga semejantes

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