Page 431 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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aunque hablaban de cosas desconocidas para mí,
no decían nada que me obligara a anunciar mi
presencia.
—Después de todo —decía una de ellas—, ¿de
qué se trata? No comprendo qué le pasa a la gente.
La que hablaba era galesa; reconocí sus
exageradas y nítidas consonantes y su pizca de
acento. Su amiga era de las Midlands [centro de
Inglaterra], y resultó que se habían conocido sólo
unos días antes. La suya era una de esas amistades
de playa y baños, tan común en las pequeñas
localidades costeras.
—No cabe duda de que hay algo extraño en esta
gente. Como sabe, no he estado nunca en
Llantrisant; en realidad, es la primera vez que
pasamos las vacaciones en Gales, y como no sé
nada de las costumbres locales ni estoy
acostumbrada a oír hablar en galés, creí que quizás
todo se debía a mi imaginación. ¿Cree usted de
verdad que hay algo un poco raro?
—Le diré una cosa: he llegado a pensar en escribir
a mi marido y pedirle que nos saque de aquí a mis
hijos y a mí. Ya sabe usted que estoy en casa de la
señora Morgan; su salita está justo al otro lado del
pasillo y a veces dejan la puerta abierta, de modo
que puedo oír perfectamente lo que hablan.
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