Page 435 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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hombre de otro. Sin embargo, en su rostro, cuando


            lo vi a la luz de la lámpara, había el mismo brillo



            que había observado en el rostro del párroco. Era


            un  rostro  luminoso,  en  el  que  resplandecía  un


            júbilo  inefable,  y  pensé  que  más  bien  parecía


            alumbrar a la lámpara del andén, en lugar de que


            ella le iluminase a él. Deduje que tanto la mujer


            como  el  niño  eran  forasteros  y  habían  venido  a


            visitar a la familia del joven. Ambos habían mirado



            en torno, algo alarmados, antes de divisarlo, pero


            cuando  vieron  su  radiante  rostro  todas  sus


            inquietudes  parecieron  desvanecerse  de  pronto.


            Aquel apeadero en pleno campo era tan solitario y


            sombrío,  que  parecía  como  si  la  más  radiante  e


            imperecedera alegría les diera la bienvenida… al


            paraíso.



              Pero aunque en cierta manera parecía tranquilo,


            me  encontraba  completamente  desconcertado.


            Intuía, en efecto, que algo extraño había sucedido



            o iba a suceder en la pequeña población oculta al


            pie  de  la  colina,  pero  hasta  entonces  no  había


            ninguna pista de aquel misterio, o más bien me la


            habían  dado  pero  yo  no  la  había  tomado  en


            consideración,  no  me  había  dado  cuenta  de  su


            presencia,  ya  que  ni  siquiera  vemos  lo  que


            decidimos,  sin  más  consideraciones,  que  es





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