Page 420 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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El patrullero lo recordó. Por un momento, se sintió

           repelido. Como la mayoría de los semitas de la época, los


           fenicios  exigían  que  toda  mujer  libre  sacrificase  su

           virginidad en el templo de la diosa, como una prostituta

           sagrada.  No  podría  casarse  hasta  que  un  hombre  no


           pagase  sus  favores.  La  costumbre  no  tenía  un  origen

           lascivo; se remontaba s temores y ritos de fertilidad de la

           Edad  de  Piedra.  Y  además,  también  atraía  rentables


           peregrinos y visitantes extranjeros.


                 —Espero que el pueblo de mi señor no prohíba tales


           actos —apostilló ansioso el muchacho.



                 —Bueno… no los prohíbe.



                 —¡Bien! —Pum agarró a Everard por el hombro y lo

           arrastró—.  Si  mi  señor  permite  que  su  sirviente  le

           acompañe, es probable que pueda conocer a alguien que


           sea  útil  conocer.  Con  toda  humildad,  dejadme  deciros

           que recorro la ciudad y mantengo ojos y oídos abiertos.

           Están por completo al servicio de mi señor.



                 Everard sonrió, con un lado de la boca, y caminó. ¿Por


           qué  no  debería  hacerlo?  Para  ser  sinceros,  después  del

           viaje  por  mar  se  sentía  muy  cachondo.  Y  era  cierto,

           frecuentar el santo prostíbulo, en esa época no era una

           forma  de  explotación  sino  de  devoción,  y  podría



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