Page 219 - Un caso de conciencia -James Blish
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movido de sitio. En el fondo de un gigantesco barril un
grupo de invitados con el cabello desgreñado alzaba la
vista hacia los casi deslumbrados pasajeros del tren,
profiriendo grandes voces de burla. Las «estrellas» no
eran más que manchas de pintura fosforescente, cuyos
destellos y movimientos eran inducidos por lámparas
ultravioleta. La ilusión de girar en el vacío cobró visión
de realidad debido a la sirena, que había alterado el
aparato vestibular, o sea el oído interno, gracias al cual
se mantiene el sentido del equilibrio.
- Todo el mundo fuera! ‐ gritó una voz de hombre.
Michelis miró al fondo con precaución. Todavía se
sentía un poco mareado. El que había dado las voces
era un individuo pelirrojo que vestía un esmoquin
negro muy arrugado. Los prominentes hombros
habían rasgado la costura de la manga ‐. Móntense en
el próximo tren. Son las normas.
Michelis pensó en negarse, pero cambió de parecer.
Lo más probable era que si caía al fondo de una tina se
produjera heridas menos graves que si luchaba a brazo
partido con dos individuos que habían «ganado» ya
los asientos de él y de Liu. Todo estaba reglamentado.
Una rampa móvil se elevó hasta ellos. Llegado su
turno, Michelis ayudó a bajar a Liu.
- Trata de no oponer resistencia ‐ susurró Michelis ‐.
Cuando empiece a girar, déjate resbalar si puedes, y si
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