Page 223 - Un caso de conciencia -James Blish
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al ver de qué manera tan superficial se abusaba de la


             farmacología  de  la  mente  con  el  solo  objeto  de

             satisfacer  una  «experiencia»  momentánea.  Con  todo,


             Michelis sabía que la inhalación de la droga por este

             sistema era muy común en el estado Refugio. Se decía

             que los humos no creaban adición, y en la mayor parte


             de  los  casos  era  verdad;  pero  indiscutiblemente

             propiciaban el hábito, que aunque es una cosa distinta,

             no por ello es menos inocua.


               La informe y brumosa cortina de color rosáceo que

             flotaba en el extremo del corredor resultó ser un simple

             elemento antagonista en elevada concentración carente


             de serotonina, un verdadero ataráxico que borró de la

             mente  de  Michelis  toda  sensación  que  no  fuera  de


             reconciliación jubilosa con el conjunto del universo: las

             cosas había que tomarlas como venían..., todo es para

             bien...,  la  paz  reina  por  doquier...  y  demás  frases


             tópicas.

               Sumidos en este estado de irracional conformismo,


             los  pasajeros  del  convoy  parecido  a  un  serpentín

             experimentaron  en  rápida  sucesión  el  impacto  de

             diversas y sobrecogedoras sorpresas, la última de las


             cuales era una recreación en video tridimensional del

             campo  de  concentración de  Belsen,  y  donde  el  hábil

             toque  del  escenógrafo  había  hecho  de  forma  que  el


             carrilete y su carga humana pareciera ser el próximo



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