Page 224 - Un caso de conciencia -James Blish
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lote  seleccionado  para  ser  arrojado  a  los  hornos


             crematorios. En el instante mismo en que se cerraba la

             boca del horno salió proyectado un chorro de oxigeno


             que  devolvió  la  lucidez  a  los  invitados.  Estos,

             horrorizados aún por el espectáculo que al principio

             acogieron  con  regocijo,  fueron  ayudados  por  manos


             serviciales a bajar de las vagonetas y se sumaron a un

             grupo de hilarantes huéspedes que habían pasado ya

             por la experiencia.


               El primer impulso de Michelis fue salir a escape de

             aquel  lugar.  Quería,  sobre  todo,  privarse  de  asistir

             entre  risotadas  a  la  llegada  de  la  próxima  tanda  de


             pasajeros conmocionados; pero se hallaba demasiado

             exhausto  para  ir  más  allá  del  primer  banco  que


             encontró en el anfiteatro, y Liu apenas tenia fuerzas

             para  cubrir  siquiera  este  corto  trecho.  Así  pues,

             tuvieron  que  resignarse  a  permanecer  sentados,


             apretujados con otros pasajeros, hasta recobrarse por

             completo.


               Por suerte fue así, y mientras acunaban en la mano

             las  bebidas  que  les  sirvieron ‐al  principio  Michelis

             receló de las tibias copas de ámbar, pero el contenido


             resultó  ser   inocuo  y  tonificante  coñac‐,  el  siguiente

             convoy  fue  recibido  con  un  coro  de  estruendosas

             carcajadas, a la vez que todo el mundo se ponía en pie.


               Había llegado Egtverchi.



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