Page 28 - Un caso de conciencia -James Blish
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la hamaca. Luego se dirigió al vestíbulo, se calzó las
botas, se puso el macintosh y se caló un sombrero
impermeable. En el momento de abrir la puerta de
piedra los mil y un sonidos de la noche litina
irrumpieron acompañados de una ráfaga de brisa
marinera con el característico olor halógeno que desde
antiguo viene llamándose «salino». Caía una lluvia
fina que envolvía en halos las luces de Xoredeshch
Sfath. A lo lejos, sobre la superficie de las aguas,
cabeceaba otra luz, probablemente la del vaporcito
costero que efectuaba la travesía hasta Yllith, la enorme
isla que aparecía atravesada en el sector de Bahía Alta,
aislando todo el golfo de Sfath del mar ecuatorial.
Ya en el exterior de la casa, Ruiz‐Sánchez giró una
rueda que hizo penetrar sendos pasadores en cada uno
de los costados de la puerta. Después sacó del abrigo
impermeable un trozo de tiza blanda y escribió en una
tablilla debidamente resguardada, prevista para tales
usos, un mensaje en litino que decía: Enfermo en el
interior. Era suficiente. Quienquiera que desease abrir
la puerta no tenia más que hacer girar el volante ‐los
litinos no conocían el cierre por cerradura‐, aunque
preciso es reconocer que los nativos del planeta eran
seres extremadamente sociales que respetaban sus
propias convenciones en la misma medida que
respetaban el derecho natural.
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