Page 33 - Un caso de conciencia -James Blish
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tenencia de títulos era el único medio que el ciudadano


             común tenia a mano para controlar de algún modo los

             recursos que le permitían subsistir. Los poseedores de


             vastos  pecunios  no  tenían  más  salida  que  la  del

             consumo  por  el  consumo  en  unas  proporciones  que

             hubieran hecho dudar a Veblen de que pudieran existir


             precedentes  de  una  tal  prodigalidad  en  épocas

             anteriores. De haber intentado ejercer el menor control

             sobre la economía, hubiesen sido destruidos, si no por


             los  tenedores  de  títulos  si  por  los  irreductibles

             defensores  de  las  ahora  injustificables  ciudades

             subterrestres.


               Y no es que el conde fuera un zángano precisamente.


             Según las últimas noticias se había enzarzado en una

             pugna  altamente  esotérica  con  las  ecuaciones  de

             Haertel,  aquella  definición  del  continum  espacio‐


             tiempo que al digerir la fórmula reductiva de Lorentz‐

             Fitzgerald como Einstein había engullido a Newton (es


             decir,  enterito)  había  hecho  posibles  los  vuelos

             interestelares. Ruiz‐Sánchez no entendía una palabra

             de ella,


             «pero una vez comprendida ‐se dijo socarronamente‐,

             resulta muy sencilla».

               A  fin  de  cuentas  este  género  de  apreciación  era


             aplicable  a  todas  las  esferas  del  saber:  una  vez

             entendida la cuestión, todo era muy simple, pero en



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