Page 29 - Un caso de conciencia -James Blish
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Hecho esto, Ruiz‐Sánchez se encaminó en dirección
al centro de la ciudad y al, árbol de las
Comunicaciones. Las calles asfaltadas reflejaban la luz
amarillenta que se filtraba por las ventanas y el
blanquecino resplandor de las farolas callejeras, muy
espaciadas unas de otras. De vez en cuando se cruzaba
con la figura marsupial de casi cuatro metros de alto
de un litino, intercambiando miradas de abierta
curiosidad. Con todo, dada la hora, pocos de ellos
callejeaban. Por las noches permanecían en sus casas
dedicados a no sabia qué menesteres. Ruiz‐Sánchez los
veía con frecuencia en grupos de dos o tres
moviéndose tras los ventanales ovoides. A veces daban
la impresión de que estaban conversando.
¿Acerca de qué?
Una pregunta muy pertinente. Los litinos no tenían
periódicos, ni crónica negra, ni sistemas de
comunicación individual, ni aficiones claramente
diferenciadas de sus ocupaciones habituales, ni
partidos políticos, ni recreos públicos, ni constituían
diversidad de naciones. Desconocían el juego, la
religión, los deportes, los cultos y los oficios litúrgicos.
Era de suponer que no pasaban todas las horas de
vigilia intercambiando conocimientos, pendientes del
trabajo, discutiendo temas de filosofía e historia o
trazando planes para el futuro. ¿O acaso si? A Ruiz‐
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