Page 30 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 30
Sánchez se le ocurrió que quizá permanecían inertes en
sus jaulas, como sardinas enlatadas. Pero casi al mismo
tiempo que esta idea cruzaba su mente pasó por
delante de una vivienda y distinguió sus siluetas
moviéndose afanosamente de acá para allá.
Una ráfaga de viento hizo que unas gotas de fría
lluvia salpicaran el rostro del sacerdote.
Instintivamente apretó el paso. Si la noche resultaba
especialmente borrascosa el árbol de las
Comunicaciones seria sin duda un continuo fluir y
refluir de mensajes. Ante él distinguió la borrosa
imagen del árbol. Era como un inmenso y gigantesco
secoya erguido en la boca del valle por el que discurría
el río Sfath, que serpenteaba describiendo amplios
meandros hasta las tierras interiores del continente,
donde Gleshchtehk Sfath, el Lago Ensangrentado,
vertía impetuosamente sus aguas.
El árbol se cimbreaba ligeramente a impulsos de los
vientos que soplaban de uno y otro lado del valle, pero
el leve balanceo era suficiente. En efecto, con cada
cimbreo el sistema de raíces, que atravesaba todo el
subsuelo de la ciudad, halaba y torsionaba la falla
cristalina sobre la que fueron excavados los cimientos
de la capital en época tan remota de la prehistoria litina
como lo fuera la fundación de Roma en la Tierra. A
cada impulso la soterrada masa rocosa respondía con
30

