Page 34 - Un caso de conciencia -James Blish
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caso contrario el problema entraba en el dominio de la


             ficción.

               En  tanto  que  jesuita,  e  incluso  en  aquel  lugar,  a


             cincuenta  años  luz  de  Roma,  Ruiz‐  Sánchez  conocía

             algo  respecto  del  saber  que  al  conde  de  Bois

             dʹAveroigne se le había olvidado y que Cleaver jamás


             aprendería: que todo conocimiento pasa por dos fases.

             Una es el tránsito del mero enunciado al hecho, y la

             segunda  la  reconversión  del  hecho  en  postulado


             teórico. El objetivo involucrado en este circuito era la

             concepción  de  distinciones  y  matices  cada  vez  más

             sutiles,  y  el  resultado  era  una  serie  interminable  de


             hecatombes teóricas. El poso era la fe.




               Ruiz‐Sánchez penetró en la estancia de pronunciada

             y elevada bóveda semejante a un huevo apoyado en su

             extremo más ancho y excavada al pie del árbol de las


             Comunicaciones. El lugar era un hervidero, a pesar de

             lo  cual  difícilmente  hubiera  podido  concebirse  algo


             menos  parecido  a  una  oficina  de  telégrafos  u  otro

             centro  de  comunicación  cualquiera  tal  como  se

             conocen  en  la  Tierra.  En  torno  al  parapeto  circular


             situado  en  el  extremo  inferior  de  la  sala  ovalada  se

             agitaba sin tregua una nube de altas figuras ‐las de los

             litinos‐, que entraban y salían por los múltiples huecos


             sin puertas, cambiando su posición en el torbellino del



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