Page 35 - Un caso de conciencia -James Blish
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mismo  modo  que  los  electrones  cambian  de  órbita.


             Pese  a  la  masa  de  circunstantes,  el  murmullo  de  las

             voces era tan apagado que Ruiz‐Sánchez podía oír allá


             en lo alto, entremezclado con los siseos, el gemido del

             viento entre las enormes ramas del árbol.

               La parte interior del corro de figuras móviles estaba


             delimitado por un parapeto, una elevada barandilla de

             madera  negra  pulimentada,  sin  duda  tallada  del

             propio floema del árbol de las Comunicaciones. Al otro


             lado de esta división simbólica, que a Ruiz‐Sánchez le

             recordaba con insistencia la división de Encke, en los

             anillos  de  Saturno,  un  menguado  corrillo  de  litinos


             recibía  y  entregaba  mensajes  con  diligencia,  sin

             concederse  punto  de  reposo,  transmitiendo  sin  falla


             todos los mensajes ‐a juzgar por la febril actividad que

             se  observaba  en  la  parte  exterior  del  círculo‐,  sin

             esfuerzo visible y de memoria. De vez en cuando uno


             de los especialistas se salía del corrillo para dirigirse a

             una de las mesas esparcidas, cada vez más compactas


             y prietas, como el anillo de un Crape, por casi toda la

             superficie  restante  del  inclinado  pavimento,  donde

             intercambiaba  información  con  las  figuras  sentadas


             ante ellas. Luego regresaba al corro o reemplazaba al

             compañero de la mesa, el cual se incorporaba a su vez

             al corrillo interno.


               La sala en forma de cuenco se hacia más profunda y



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