Page 348 - Un caso de conciencia -James Blish
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supuesto de que un hombre en su condición pudiera


             dispensarlas‐,  y  ante  él  yacía  el  miembro  menos

             culpable de la misión que viajó a Litina, fulminado en


             un sitio que Ruiz‐Sánchez adivinó al instante. Quien

             ahora había descendido sobre la tierra era el Dios de

             Job, no el Dios del salmista o del Cristo. El rostro que


             se  inclinaba  sobre  Ruiz‐  Sánchez  era  la  faz  del  Dios

             vengador  y  celoso  guardián;  del  Dios  que  creó  el

             infierno antes que al hombre porque sabía que tendría


             necesidad de él. Dante había plasmado en su obra tan

             terrible verdad, y viendo aquel rostro ennegrecido, con

             la lengua salida, que se agitaba junto a la rodilla de


             Ruiz‐Sánchez, se dio cuenta de que Dante tenía razón,

             como todo lector de la Divina Comedia ha de reconocer


             en lo más profundo de su ser.

               «Un  demonólatra  anda  suelto  por  el  mundo.  Será

             privado de la gracia y más tarde se le requerirá para


             que administre la extremaunción a un amigo. Por esta

             señal le reconoceréis.»


               Agronski murió al poco rato, asfixiado por su propia

               lengua.

               Pero las incidencias no habían concluido. Ahora era


             preciso  convertir  el  piso  de  Mike  en  lugar  seguro,

             acabar con las abejas que pudieran haberse infiltrado y

             procurar que el enjambre huido encontrara la muerte,


             tarea  ésta  bastante  fácil.  Ruiz‐Sánchez  se  limitó,



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