Page 349 - Un caso de conciencia -James Blish
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sencillamente, a cubrir con papel los boquetes en los
paneles de cristal de la terraza. Las abejas sólo podían
alimentarse en el jardín de Liu. Cuando regresaran,
dentro de unas pocas horas, encontrarían taponado el
acceso y morirían de inanición una hora después poco
más o menos.
Una abeja no es una máquina voladora perfecta. Para
mantenerse en el aire debe realizar un considerable
esfuerzo. En una palabra: su vuelo es un constante
forcejeo con la atmósfera. Un abejorro atrapado puede
morir de hambre en un plazo de doce horas. Los
monstruos tetraploides de Liu disfrutarían de su
libertad mucho menos tiempo.
La telepantalla continuaba emitiendo en un
murmullo las incidencias del pavoroso episodio.
Estaba claro que el terror no tenia un carácter local. Los
Disturbios de los Pasadizos, acaecidos en 1993, fueron
sólo un anticipo de los posteriores y graves
acontecimientos. Cuatro «áreas de blanco» se
quedaron completamente a oscuras. Los esbirros
uniformados de Egtverchi aparecieron de no se sabe
dónde y se hicieron con los centros de control. En
aquellos momentos guardaban a unos veinticinco
millones de personas como rehenes con objeto de
lograr la concesión de un salvoconducto a Egtverchi,
de los cuales cinco millones aproximadamente estaban
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