Page 353 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 353

-  Sí;  supongo  que  es  un  pequeño  consuelo ‐  dijo


             Michelis ‐. Pero, ¿dónde puede esconderse sin que sea

             reconocido?  ¿Y  cómo  perpetrar  la  huida?  No  puede


             andar  por  ahí  desnudo  ni  subirse  a  un  transporte

             público. Hay que  tenerlo todo muy  bien organizado

             para camuflar a una criatura tan llamativa como él, y


             en este aspecto la organización de Egtverchi está tan

             desconcertada  como  las  Naciones  Unidas. ‐  Michelis

             apagó la telepantalla de un fuerte manotazo.


               Liu volvió la vista a Ruiz‐Sánchez. Su expresión de

             aturdimiento ocultaba el cansancio que sentía.

               - ¿De  forma  que  la  aventura  no  ha  concluido? ‐


             comentó, con un tono de impotencia en la voz.

               - Ni  muchísimo  menos ‐  respondió  Ruiz‐Sánchez ‐,


             aunque  si,  quizá,  la  fase  de  estricta  violencia.  Si

             Egtverchi no aparece dentro de unos días, creeré que

             ha  muerto.  Si  continuara  huyendo  no  podría  pasar


             inadvertido. Es cierto que su muerte no va a solucionar

             los  problemas  básicos;  pero  por  lo  menos  nos


             sacudiremos  una  de  las  espadas  que  penden  sobre

             nuestras cabezas. El ex sacerdote reconoció que en el

             fondo sus palabras eran simple expresión de un deseo.


             Por  otro  lado,  ¿cabe  realmente  matar  a  una

             alucinación?

               - Bien. Espero que por lo menos las Naciones Unidas


             hayan  sabido  sacar  provecho  de  lo  ocurrido ‐  dijo



                                                                                                        353
   348   349   350   351   352   353   354   355   356   357   358