Page 354 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 354

Michelis ‐. Una cosa debemos agradecer a Egtverchi y


             es  haber  logrado  que  la  gente  exteriorizara  unos

             recelos  incubados  durante  todos  estos  años  de  vida


             subterránea  y  revestidos  de  una  capa  de  aparente

             conformidad.  Ahora  habrá  que  tomar  algunas

             medidas;  quizá  proveernos  de  una  almádena  y


             demoler  los  malditos  cobijos  subterráneos  para

             empezar otra vez de nuevo. Ni siquiera resultará tan

             costoso como reedificar lo que ya ha sido destruido.


             Una  cosa  es  cierta:  las  Naciones  Unidas  no  podrán

             despachar lo ocurrido sólo con frases bonitas.

               Se oyó el zumbido del Klee.


               - No  pienso  contestar ‐  dijo  Michelis,  haciendo

             rechinar los dientes ‐. No lo haré. Ya estoy más que


             harto.

               -  Creo  que  deberías  atender  la  llamada,  Mike ‐

             recomendó Liu ‐. Puede que haya... noticias.


               -  ¡Noticias! ‐ gritó Michelis, como si de un juramento

             se tratara. Pero se avino a la sugerencia.


               Pese a la fatiga y abandono, que ocultaba la realidad,

             Ruiz‐Sánchez creyó detectar un rebrote de calor entre

             la  pareja  como  si  en  los  tres  días  transcurridos


             hubieran  hollado  una  sima  antes  ignota.  La  simple

             perspectiva  de  una  novedad  venturosa  le  dejó

             confundido.  ¿Acaso,  como  ocurría  con  todos  los


             demonólatras,  empezaba  a  complacerse  en  la



                                                                                                        354
   349   350   351   352   353   354   355   356   357   358   359