Page 41 - Un caso de conciencia -James Blish
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como encargado de las comunicaciones en el seno del
grupo explorador? Lo más probable era que, en contra
de lo que decía, no hubiese transmitido ni recibido
mensaje alguno a través del árbol. Seguro que no había
ido más allá del sitio en que Ruiz‐Sánchez se
encontraba ahora. Con todo, era obvio que de un modo
u otro había estado en contacto con Agronski y
Michelis, pero por un sistema de comunicación
particular..., tal vez un transmisor oculto en el
equipaje, o... No; imposible. Por escasos que fueran sus
conocimientos de física, el jesuita rechazó la idea casi
en el mismo instante en que le vino a la mente. No se
le ocultaban las dificultades de orden práctico que
entrañaba operar con un equipo de radioaficionado en
un mundo como Litina, surcado por una infinita gama
de longitudes de onda, producto de los formidables
latidos que el árbol arrancaba de la falla cristalina. El
asunto empezaba a inquietarle.
Entonces regresó Chtexa, al que reconoció no tanto
por un determinado rasgo físico ‐ sus barbas tenían
ahora el mismo ambiguo y mayestático color púrpura
que la mayor parte de los litinos congregados en la sala
como por el hecho de que avanzara en derechura hacia
él.
- He transmitido su mensaje ‐ dijo en seguida ‐. Ha
quedado registrado en Xoredeshch Gton. Pero los otros
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