Page 36 - Un caso de conciencia -James Blish
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las mesas disminuían en número. En el centro, de pie,
se erguía solitaria la figura de un litino ya maduro que
mantenía las manos ahuecadas sobre las orejas, detrás
de las poderosas quijadas, los ojos cubiertos por
membranas nictitantes, dejando sólo al descubierto las
fosas nasales y los orificios posnasales receptores del
calor. No conversaba ni era consultado, pero resultaba
evidente que la absoluta concentración en que se
hallaba era la razón, la única razón, del continuo fluir
y refluir de reptiloides al circulo exterior del parapeto.
Ruiz‐Sánchez se detuvo, boquiabierto. Era la primera
vez que acudía en persona al árbol de las
Comunicaciones ‐una de las misiones hasta entonces
asignadas a Cleaver era la de permanecer en contacto
con Michelis y Agronski, los otros dos miembros
expedicionarios que se hallaban en Litina‐. Permaneció
inmóvil, sin saber qué hacer. La escena que se
desarrollaba ante sus ojos era más propia de una bolsa
de contratación que de un centro de comunicaciones
propiamente dicho. Parecía extraño que cada vez que
soplaban los vientos del valle hubiera tan gran número
de litinos que tuvieran necesidad de enviar mensajes
urgentes y tampoco resultaba lógico que aquéllos, que
disfrutaban de una economía estable caracterizada por
la abundancia tuvieran un equivalente de las bolsas de
contratación de valores o mercancías.
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