Page 43 - Un caso de conciencia -James Blish
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todo  pago  recibe  usted  malas  noticias.  Si  sus


             ocupaciones le permiten compartir mi casa esta noche,

             le informaré cumplidamente. ¿Es ello factible?


               Ruiz‐Sánchez  tuvo  que  realizar  un  verdadero

             esfuerzo  para  sofocar  la  repentina  excitación  que  se

             había apoderado de él. He aquí que tras larga espera se


             le  presentaba  por  vez  primera  la  oportunidad  de

             atisbar en la vida privada de los habitantes del planeta

             y,  a  partir  de  aquí,  quizá,  también,  de  obtener  un


             vislumbre de su condición moral, del papel que Dios

             había asignado a los litinos en el antiguo drama del

             Bien  y  el  Mal,  tanto  en  el  pasado  como  en  tiempos


             venideros.  En  tanto  no  desentrañara  este  misterio,

             podía ser que las aparentes virtudes de los litinos en su


             Edén particular no fueran tales y que no pasaran de ser

             simples  mentes  racionales,  máquinas  pensantes

             orgánicas,  computadoras con cola pero sin alma.


               Con todo, no podía olvidar que había dejado a sus

             espaldas a un hombre enfermo. No era probable que


             Cleaver  despertara  antes  de  la  mañana.  Le  había

             medicado  con  una  dosis  de  sedante  de  casi  quince

             miligramos por kilogramo de peso. Lo malo es que los


             pacientes son un poco como los niños y que no se rigen

             por horarios fijos. Si la robusta constitución de Cleaver

             rechazaba la dosis ingerida, a resultas tal vez de una


             crisis anafiláctica imposible de excluir en tan temprana



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