Page 42 - Un caso de conciencia -James Blish
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terrestres no están allí. Hace algunos días que no se


             dejan ver en la ciudad.

               Ruiz‐Sánchez estaba aturdido. Cleaver le había dicho


             que había hablado con Michelis hacia sólo un día.

               - ¿Está seguro? ‐ inquirió con cautela.

               - No me cabe la menor duda ‐ respondió el litino ‐. La


             casa que les asignamos está vacía, y no queda en ella

             un solo bártulo del equipaje que portaban. ‐ La enorme

             criatura  levantó  sus  manos  de  cuatro  dedos  en  un


             ademán que podía interpretarse como de aflicción ‐.

             Creo que no son buenas noticias y deploro tener que

             comunicárselas.  La  primera  vez  que  usted  y  yo


             conversamos  me  hizo  usted  participe  de  cosas  muy

             interesantes.


               - Muchas gracias; no se preocupe ‐ contestó Ruiz‐

                 Sánchez, un tanto distraídamente ‐.

             Tenga  por  seguro  que  ningún  hombre  cabal


             reprocharía el mensaje al portador.


               -  También                 al         mensajero                 le          incumben

             responsabilidades, por lo menos aquí entre nosotros ‐

             dijo  Chtexa ‐.  Nada  se  hace  de  forma  enteramente


             gratuita,  y  desde  nuestro  punto  de  vista  usted  ha

             llevado la peor parte en el intercambio. Su información

             concerniente al mineral de hierro nos resultó de gran


             provecho.  Me  agradaría  en  extremo  mostrarle  el

             empleo que hemos hecho de ella, y más cuando por



                                                                                                          42
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