Page 37 - Un caso de conciencia -James Blish
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Al  parecer,  Ruiz‐Sánchez  no  tenia  más  alternativa


             que  meterse  en  el  corro,  tratar  de  acercarse  a  la

             barandilla  de  lisa  superficie  negra  y  consultar  con


             alguno  de  los  litinos  del  otro  lado  para  tratar  de

             ponerse en contacto con Agronski o Michelis. Lo peor

             que podía pasar, se dijo, era que le negaran la solicitud


             o que no consiguiera dar con sus compañeros. Ruiz‐

             Sánchez aspiró con fuerza e hizo acopio de aire.

               Casi  al  mismo  tiempo,  una  mano  gigantesca  que


             abarcaba desde el codo hasta el hombro del jesuita se

             cerró con fuerza sobre su brazo. Ruiz‐Sánchez dio un

             bufido,  sobresaltado,  y  el  aire  inhalado  escapó  de


             nuevo de sus pulmones. Alzó la vista y posó la mirada

             en la cabeza de un litino, inclinada con gesto solicito.


               Las  barbas  del  reptiloide,  semejantes  a  las  de  un

             gallo,  colgaban  bajo  la  larga  boca  parecida  a  un

             escotillón; tenían una delicada coloración aguamarina,


             en  acusado  contraste  con  la  cresta  atrofiada,  de

             uniforme  y  argenteado  zafiro  surcado  por  vetas  de


             color fucsia.

               - Es usted Ruiz‐Sánchez, ¿no? ‐ saludó el litino en el

             idioma local. A diferencia de los restantes terrestres, el


             nombre del clérigo no sonaba raro en lengua litina ‐. Le

             he reconocido por las ropas.

               La verdad es que le habían reconocido por puro azar.


             Cualquier habitante de la Tierra que caminara bajo la



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