Page 44 - Un caso de conciencia -James Blish
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fase de su dolencia, necesitaría  atención inmediata, o,


             por lo menos, el calor de una voz humana en aquel

             planeta que detestaba y que le había doblegado casi sin


             prestarle atención.

               De todos modos el estado de Cleaver no era grave y

             a buen seguro no necesitaba de forma imperativa que


             alguien le velara constantemente. A fin de cuentas no

             era  un  niño,  sino  un  hombre  de  una  fortaleza

             excepcional.


               Por  otra  parte,  no  quería  incurrir  en  un  exceso  de

             abnegación, una forma de orgullo que solía darse entre

             los  hombres  píos  y  que  la  Iglesia  había  intentado


             patentizarles, no sin dificultades, hacia mucho tiempo.

             En los casos más extremos tenía su plasmación en los


             santones, cuyo gusto por el hedor y la fetidez tanto se

             asemejaba al culto a la sabandija de las sectas hindi, o

             en casos como el de san Simón el Estilita, quien aunque


             muy  caro  a  los  ojos  de  Dios,  fue  durante  siglos  un

             pésimo propagandista para la Iglesia. Además, cabía


             preguntarse si Cleaver merecía esta abnegación hasta

             el extremo de considerarle una criatura de Dios, o para

             decirlo con mayor propiedad una criatura divina.


               Frente  a  ello,  todo  un  planeta  en  juego,  todo  un

             pueblo... No, más que eso: todo un problema teológico,

             la  esperanza  de  una  solución  inminente  al  vasto  y


             trágico enigma del pecado original... ¡Hermoso regalo



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