Page 48 - Un caso de conciencia -James Blish
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como  por  ensalmo  en  la  puerta ‐.  Es  evidente  que


             padece una infección. No me gusta recrearme con el

             dolor  ajeno,  pero  prefiero  eso  a  un  choque  con  los


             litinos.

               El  químico,  hombre  larguirucho  de  prominente

             mandíbula, ayudó a Agronski a levantar a Cleaver. A


             pesar del dolor, Cleaver intentó una vez más despegar

             los labios, pero solo consiguió emitir una especie de

             graznido.


               - Cierra el pico ‐ ordenó Michelis, afectuosamente ‐.

             Vamos a ponerlo otra vez en la hamaca. Me pregunto

             dónde  se  habrá  metido  el  padre.  Es  el  único  de


             nosotros que sabe de medicina.

               - Apuesto  a  que  está  muerto ‐  dijo  Agronski  con


             vehemencia,  con  una  expresión  de  alarma  en  el

             semblante ‐, de otro modo estaría aquí. Debe de ser una

             enfermedad contagiosa, Mike.


             -  Olvidé los guantes ‐ se burló Michelis, secamente ‐.


             Cleaver, no te muevas o tendré que zurrarte la

             badana. Agronski, mejor será que vayas por agua; la

             necesita. De paso comprueba si el padre ha dejado en


             el laboratorio algo que se parezca a un medicamento.

               Agronski  salió  del  dormitorio  y  Michelis  hizo  lo

             propio a grandes zancadas, o al menos eso le pareció a


             Cleaver, puesto que el químico se salió de su campo de

             visión. Tensó los músculos para sobreponerse al dolor



                                                                                                          48
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