Page 90 - Un caso de conciencia -James Blish
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espaldas familiares encuadradas en el tetraedro
truncado de luz amarillenta que se proyectaba a través
del fino cristal contra la lluvia. Ruiz‐Sánchez dio un
respingo. Era la figura de Chtexa, que se alejaba de la
casa.
De repente Ruiz‐Sánchez cayó en la cuenta de que
nadie se había ocupado de borrar los ideogramas
aludiendo a un enfermo escritos sobre la tablilla
colgada junto a la puerta. Si Chtexa se había llegado
hasta allí dando un paseo, se volvía sin que nada lo
justificara. El sacerdote inclinó el cuerpo hacia delante
a la vez que tomaba una caja de portaobjetos vacía y
dio con el canto de la misma contra el cristal.
Chtexa se volvió y miró al interior de la casa a través
del torrente de agua, los ojos resguardados por una
fina película que los protegía de la lluvia. El biólogo le
hizo señas y saltó bruscamente de la banqueta con
objeto de abrirle la puerta.
En el ínterin, la parte de su desayuno que tenia aún
en el hornillo se secó y empezó a quemarse.
El golpeteo de la caja contra el cristal de la ventana
hizo acudir también a Michelis y Agronski. Chtexa
miró desde su altura a los tres hombres con afable
gravedad, mientras las gotas de agua se deslizaban
como aceite por las diminutas y refulgentes escamas de
su elástica epidermis.
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