Page 94 - Un caso de conciencia -James Blish
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- Si hasta donde soy capaz de recordarlas ‐ respondió


                 Chtexa.

               - Bien, ahora comprenderás por qué cuando Chtexa


             apareció providencialmente en el árbol, me reconoció

             y se ofreció a servirme de intermediario, tuve que darle

             tan  sólo  la  esencia  del  mensaje ‐  prosiguió  diciendo


             Ruiz‐Sánchez, un tanto molesto ‐ aun a pesar suyo ‐.

             No podía pretender que entendiera todos los detalles

             ni confiar en que llegaran íntegros a vosotros después


             de pasar por al menos dos intermediarios litinos. Todo

             lo  que  podía  hacer  era  conseguir  a  toda  costa  que

             regresarais en la fecha acordada y esperar a que tuviera


             oportunidad de explicaros la situación.

               - Están ustedes en un momento de ofuscación, lo que


             es lo mismo que tener un enfermo en casa ‐ dijo Chtexa

             ‐.  Me  marcho  ahora.  Cuando  estoy  confuso  prefiero

             que me dejen a solas, y no tendría derecho a exigirlo si


             impongo  mi  presencia  a  los  que  pasan  por  un

             momento así. Traeré mi regalo en mejor ocasión.


               Dichas  estas  palabras  agachó  la  cabeza  y  cruzó  la

             puerta  sin  ningún  gesto  convencional  de  despedida,

             pese a lo cual dejó tras sí una rotunda impresión de


             delicadeza. Ruiz‐Sánchez le vio marcharse, impotente

             y  un  tanto  apesadumbrado  por  aquella  partida.  Los

             litinos  parecían  comprender  en  todo  momento  la


             ausencia  de  cada  situación,  y  a  diferencia  de  los



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