Page 97 - Un caso de conciencia -James Blish
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La  voz  que  llegaba  del  hueco  de  la  puerta  del


             dormitorio era segura y ronca debido a un estado de

             debilidad física.


               Los tres hombres se sobresaltaron. Cleaver, vestido

             sólo  con  los  calzoncillos,  permanecía  en  el  umbral

             afianzándose  con  ambas  manos  en  el  marco  de  la


             puerta. Ruiz‐ Sánchez pudo distinguir en uno de los

             antebrazos las señales que había dejado el esparadrapo

             que  sujetaba  la  aguja  intravenosa  al  ser  arrancado


             bruscamente.  En  el  sitio  donde  aquélla  había

             penetrado, bajo la piel cenicienta de la parte superior

             del  brazo,  se  apreciaba  un  aparatoso  hematoma


             violáceo.
















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               (Un silencio.)


               - Paul,  ¿acaso te has vuelto loco? ‐ estalló Michelis,

             casi  con  iracundia ‐.  Vuelve  a  tu  hamaca  antes  de

             complicar más las cosas. ¿No te das cuenta que estás


             enfermo?



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