Page 98 - Un caso de conciencia -James Blish
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-  No  tanto  como  parezco ‐  dijo  Cleaver  con


             desmayada sonrisa ‐. Si he de ser franco te diré que me

             encuentro bastante bien. Casi no tengo señales en la


             boca y tampoco  fiebre. Estáis aviados si pensáis que

             este grupo va a dar un solo condenado paso sin mi. No

             tiene  atribuciones  para  hacerlo,  y  apelaré  contra


             cualquier decisión que se adopte, oidme bien, contra

             cualquier decisión en la que yo no haya intervenido.

               Por supuesto que le prestaban oídos. El magnetófono


             estaba  funcionando  y  las  cintas  a  prueba  de

             manipulación  giraban  dentro  de  sus  bobinas

             precintadas. Los dos hombres del grupo volvieron la


             vista, incrédulos, hacia Ruiz‐Sánchez.

               - ¿Qué dices a eso, Ramón? ‐ dijo Michelis frunciendo


             el ceño. Paró la cinta utilizando una llavecita al efecto ‐

             . ¿Puede permanecer levantado de esa forma?

               Ruiz‐Sánchez  se  hallaba  ya  junto  al  físico  y  le


             examinaba  la  boca.  En  efecto,  las  ulceraciones  casi

             habían desaparecido y los bordes de las que restaban


             empezaban a regenerarse con el tejido de granulación.

             Cleaver  tenia  todavía  los  ojos  algo  irritados,  señal

             evidente de que la toxemia no había cedido del todo.


             Pero salvo estos dos detalles, no quedaba vestigio de la

             dolencia  producida  por  el  fortuito  pinchazo  de  la

             escila. Cierto que Cleaver tenía un aspecto atroz, pero


             ello  era  lógico  en  un  hombre  que  acababa  de  caer



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